María y los huertos que devolvieron la voz
A los sesenta y cinco, María viajó con semillas, cuadernos y tiempo. Co-diseñó con vecinas un huerto escolar, documentó recetas de temporada y facilitó talleres de compostaje. No lideró, acompañó. La escuela ganó alimentos frescos y autoestima; María recuperó canciones de su infancia y una comunidad adoptiva. Meses después, siguen intercambiando semillas por audio, creando una correspondencia verde que late entre estaciones, plazas y patios.